Skip to content
Graciela Spera

Graciela Spera

Conocí a Enrique hace 9 años cuando mi nieto Iván comenzó a practicar Kung Fu con él, en la Escuela Sao Lin Szu Shian Men.  Sin embargo no fue hasta 2 años después, que me decidí a comenzar con la práctica.

Hacía 6 años que había enviudado.  Luego de sufrir dos AVE (accidente vascular encefálico) mi esposo quedó imposibilitado de caminar y debido al esfuerzo de ayudarlo a moverse y sostenerlo, mi cuerpo comenzó a «torcerse» hacia adelante y al costado.  Me diagnosticaron «escoleosis extroconvexa, disminución de los espacios intervertebrales, artrosis interapofisaria posterior lumbar baja».  También «osteopenia y leucopenia».  Mi capacidad de movimiento se reducía con rapidez y además de los fuertes dolores, sufría de frecuentes taquicardias por lo que un cardiólogo me recomendó realizarme una «ablación» cosa que yo no acepté.

Así fue que comencé con Tai Chi.  Con mucho esfuerzo por los dolores que sentía, y con la ayuda de Enrique que me estimulaba diciéndome que yo podía, fui enderezándome paulatinamente, sin medicamentos, con algunos yuyos y los ejercicios.

Mi vida cambió.  Yo cambié física, mentalmente y sobretodo, espiritualmente.

Pero no solo mi vida mejoró.  Enrique ayudó a que no fuera necesario realizarle a Iván una intervención en un ojo.  A mi hija mayor la guió para que pudiera salir de un estado depresivo bastante crítico y según ella volvió a nacer gracias a él.

Estamos todos muy agradecidos con él y con toda su hermosa familia por la forma y el cariño con el cual siempre nos han escuchado y recibido.  Son en verdad, personas muy especiales.  Hoy y siempre:  Gracias…

Graciela (La Abuela, como él me llama).

Volver arriba