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Ana Chouy

Ana Chouy

“En la casa de Enrique suceden cosas. A veces pareciera el centro del mundo. Y en cierta forma lo es. Un hombre con oficio de ayudar, hijos jóvenes, una esposa encantadora, hospitalidad y sencillez.​

Pero como todo centro irradia y recibe rayos y centellas, estrellas y planetas.  Yo llegue allí enferma, desalentada, un tratamiento más, uno de tantos. Lo curioso es que rápidamente me entregué a las escuetas palabras de Enrique y a sus técnicas milenarias.  No fui crédula, él me decía algo y yo buscaba información, ataba cabos, comparaba todo con todo.  Mis escasos pero variados conocimientos científicos, mis lecturas.  El se ríe de mí y de mi racionalidad occidental y cristiana.  Yo también me río un poco de él y con él.  A veces tengo que repetir las cosas que dice muchas veces,  para que sean permeables a mi manera de entender el mundo.  Para mí es un desafío conocer lo que él cree y conocerlo yo también. Conocer en el sentido más amplio.  Aprender. Hacerme de él.  Interés, desapego, tránsito, ser, no ser. La tarea de Enrique respecto a mí, mejorarme, la está cumpliendo fantásticamente.  Debo decir que yo colaboro. Pienso y siento y trato de entender.

En la casa de Enrique se respira respeto, se da, se recibe. Se invita a participar de una pizza, de una familia, de un grupo y si se quiere de una práctica y una filosofía.

¿Quién puede decir que la casa de Enrique no es el centro del mundo?». Ana

Nota: Foto extraída del Libro de Poesía escrito por Ana: “Como el pan”, impreso en noviembre de 2005.

Y no puedo dejar de compartir uno de sus poemas que refleja crudamente la actual realidad de la humanidad en la página 11 de su libro:

Soy de la generación del floxet,
tomo benzodiacepinas
tengo hijos y marido.
Mis hijos estudian, trabajan,
no se drogan,
por ahora,
no se van.
Pero no entiendo el mundo,
y el dolor humano me deja indefensa
se me van el coraje y la alegría
y me siento culpable por todo lo que tengo
y por el coraje y la alegría que me faltan
rezo el Padre Nuestro con desesperación
y también a María
porque ahora sé de su pasión
sufriente María
pero llena de gracia.
Aquí espero
Que me vuelva la certeza
de que el bien triunfa sobre el mal
que el señor es contigo
y espero que conmigo,
ahora
y en la hora de mi muerte.

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